Aquel día se retrasaba. En la casa no había relojes que marcasen las horas, el tiempo no se había construido a base de manecillas, carillones y campanadas, flujos de arena o varillas de sombra: era un tiempo silencioso y eterno. Esa ausencia de una medida precisa de las horas, que era casi una carencia de tiempo, alargaba la vida, creaba un presente amplio, un ahora pausado que no se precipitaba hacia futuros prematuros.
"Los hijos de las sombras" Iban Munárriz.
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Fotografías : ImagInes del taller.
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Fotografías : ImagInes del taller.
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